La coronación que no fue
29 Febrero, 2008 por jeanlannes
El día de la consagración, Napoleón decidió coronarse a sí mismo en vez de que lo hiciera el Papa. Cuando Jacques-Louis David comenzó a pintar el cuadro que representa este acontecimiento, optó por inmortalizar el momento justo en el que el Emperador se ceñía la corona, como se puede apreciar en este dibujo realizado poco después de la ceremonia y que se encuentra expuesto en el Museo del Louvre.
David reprodujo un momento histórico, dando una imagen del Emperador extraordinariamente significativa, el de un soldado conquistador, el puño apretado sobre su espada, cuyo poder proviene de sí mismo. Napoleón había hecho venir al Papa Pío VII de Roma especialmente para la Consagración. David dibujó al Sumo Pontífice en actitud hierática y pasiva. Napoleón le reprochó al artista que “no había hecho venir a al Papa de lejos para no hacer nada”, por lo que en el cuadro definitivo David le pintó realizando un gesto de bendición. Aún así el contraste entre las dos figuras sigue siendo aquí extraordinario, una, toda en potencia, otro, abrumado y estático.
Lo cierto es que David pensó durante mucho tiempo en mostrar el momento en que Napoleón se autocoronaba. Tres dibujos globales muestran esta escena con la emperatriz Josefina, arrodillada delante de su esposo. La obra estaba prácticamente terminada cuando David, quizá siguiendo los consejos de su alumno el pintor François Gérard, decidió raspar enteramente la figura del Emperador y sustituirla por la del mismo Napoleón que corona a Josefina, plasmando para la eternidad la imagen del cuadro que se conserva en el Louvre.