Como es sabido, Napoleón encargó al Mariscal Jean Lannes a finales de 1808 la ardua tarea de tomar la ciudad de Zaragoza, que ya unos meses antes había planteado una resistencia tan feroz como, a la postre, inútil.
El Emperador, consciente de la importancia estratégica de Zaragoza y del carácter simbólico que había tenido el Primer Sitio de la ciudad para la resistencia española, envió a su mejor hombre, el Duque de Montebello, al mando de 35.000 soldados de infantería y 2.000 de caballería. El Sitio comenzó el 21 de diciembre de 1808.
Dos meses bastaron al Mariscal Lannes para tomar la ciudad aragonesa. Sin embargo, no resultó una empresa sencilla. Los habitantes de la ciudad defendieron cada casa y cada edificio con su vida. Con ello, consiguieron escrbir una de las más hermosas gestas de la historia militar española. Pero también consiguieron destruir su ciudad, diezmar su población y acabar capitulando el 21 de febrero de 1809 con una población reducida a la quinta parte y una ciudad reducida a escombros.
Muchas fuentes minusvaloran la capacidad militar francesa y sobrevaloran el valor y el heroísmo de los aragoneses. No ponemos en duda este último pero lo cierto es que Jean Lannes al mando del que, en ese momento, era el mejor y más poderoso ejército de Europa, fue capaz de someter la ciudad maña, cosa que no pudo hacer en su momento el General Moncey.
Igualmente estas fuentes suelen exagerar la crueldad francesa y omitir la española. Evidentemente, en una guerra gana el que mata más enemigos pero los franceses, como militares que eran, sabían reconocer el valor y el honor en el campo de batalla. No hay más que recordar las palabras que Lannes escribe al Emperador para informarle de los acontecimientos en España.
“¡Qué guerra! Verse obligado a matar a tanta gente valiente y corajuda. La victoria da lástima.”
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En un post anterior ya vimos que la muerte del Mariscal Jean Lannes se produjo durante la Batalla de Aspern y Essling en la que fue mortalmente herido por una bala de cañón que convirtió sus piernas en un sanguinolento amasijo de carne y huesos. Se le amputó una pierna inmediatamente pero el avance de la gangrena hizo que se tuviera que amputar la segunda poco después. A pesar de que el cirujano de Napoleón hizo todo lo posible por salvarlo, la gangrena acabó con su vida el 31 de mayo de 1809.
El Ayuntamiento de Madrid presentó este viernes el programa que ha preparado la ciudad para conmemorar el levantamiento de la Villa contra los franceses el 2 de mayo de 1808.Alberto Ruiz-Gallardón, presidente de una de las subcomisiones de la Comisión Nacional para el Bicentenario de la Guerra de la Independencia, aseguró que “el 2 de mayo fue el momento en el que pasamos de ser súbditos de una Corona cuyo poder surgía de un legado divino a ser ciudadanos regidos por una monarquía constitucional en la que se consagró la igualdad de los ciudadanos”.


Josefina de Beauharnais tenía un perro de la raza carlino, también llamada pug al que llamaba Fortune. Su esposo Napoleón Bonaparte no compartía el amor de su esposa por este can. Sin embargo, Josefina nunca se separaba de él y sufrió una pena casi inconsolable cuando murió.
